El padre detrás de la portería

 

“En los campos de fútbol no deberían existir gradas detrás de las porterías…”

 
por Jordi Blasco Garí
 
No es nada difícil ir a un campo de fútbol y encontrar al padre o a la madre del portero detrás de la misma portería. Se dedican a dirigir todas las intervenciones del niño, sin dejarle opción de tener iniciativa y, en caso de error, recriminan su actuación por no obedecer a sus órdenes.
Si bien queremos formar jugadores que sean creativos, que piensen por ellos mismos, que sean atrevidos… con este lanzamiento masivo de órdenes no se les está permitiendo que desarrollen dichos comportamientos. Es fundamental que conciban el error como parte del aprendizaje, como una nueva oportunidad de seguir mejorando, no solamente los propios niños que solo quieren divertirse jugando al fútbol, sino también los padres.

¿Priorizamos la formación o la victoria? Son muchos los padres y las madres que afirman que apuntan a sus hijos para que practiquen algún deporte o, como parece ya estar de moda, que aprendan unos valores, pero ésto no es lo que realmente demuestran la gran mayoría cada fin de semana. En mi opinión, y por lo que he contemplado a lo largo de mi experiencia en este deporte, en el momento en que recriminan una decisión del árbitro o exigen el rendimiento de los jugadores están anteponiendo el resultado. Deben saber que con la victoria no se demuestra que los jugadores son mejores o peores, ni que están aprendiendo más o aprendiendo menos. La formación es el proceso de aprendizaje del día a día y, como referencia que somos todos para los propios jugadores, el comportamiento de técnicos, madres y padres debe ser ejemplar, siendo respetuosos en todo momento.

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Poniendo el punto de mira en la figura del portero, es cierto que un error puede pasar menos desapercibido que el del resto de jugadores, incluso puede resultar un gol para el otro equipo. La trascendencia de estos errores recae en la importancia que le demos al resultado. Si atendemos a la formación, este desacierto supone una maravillosa oportunidad para aprender. En cambio, si se focaliza el error y se le recrimina al portero como responsable, las ganas de disfrutar y el autoconcepto descenderán hasta ser completamente nulos, así como la presión, inseguridad y los nervios que aumentarán, incluso hasta conseguir que el portero quiera abandonar esta posición, o bien, quieran dejarse el fútbol por no verse capacitados para jugar.

 

Me gustaría mostrar diferentes frases célebres que todo portero puede reconocer haber escuchado durante el partido o al finalizarlo. Expresiones como: ¡Levanta la rodilla, que la note el delantero! ¡Sal! ¡Golpea arriba! ¡Pero grita más, demuestra quien manda! Y la más repetida: ¡Esa era tuya!
¿Nadie tiene en cuenta que son niños que están aprendiendo a jugar y tienen todo el derecho a equivocarse? Con las frases anteriores solo se aprecian dos cosas, y completamente negativas: se fomenta la violencia y no se permite la decisión del portero.

Si bien es cierto que queremos que aprendan, disfruten, se formen en valores… lo primero que se debe permitir es el error sin consecuencias negativas posteriores. ¿Es tanto pedir que puedan pensar, decidir y ejecutar por ellos mismo, sin estar influenciados por lo que oyen a su espalda?
Si lo comparamos con la escuela, ante un control, los maestros no facilitan las respuestas a los alumnos, sino que se disponen a analizar todo aquello que han aprendido y qué aspectos deben reforzar. En el fútbol ocurre lo mismo, es decir, si no les dejamos que decidan por ellos mismos nunca van a aprender a jugar por si solos, sino que se limitarán a cumplir órdenes sin entender, en la gran mayoría de los casos, el porqué de lo que hacen.

Sinceramente, todavía pierdo más las ganas de seguir en el fútbol cuando me dispongo a disfrutar observando a los más pequeños jugando con sus amigos y tengo que escuchar gritos de los técnicos dirigiendo continuamente las acciones a realizar incluso antes de que los mismos jugadores lo perciban, o a los padres gritar al árbitro cuando un niño derriba inocentemente y sin ninguna maldad a un adversario, incluso un riguroso fuera de juego. Es muy triste y decepcionante el ver a un padre
cabreado y a un portero desanimado, frustrado, justo en la misma portería, porque no ha sabido hacer lo que se le ha dicho a gritos que haga.

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Mi consejo es muy claro y conciso: aléjate de detrás de la portería, no le digas lo que tiene que hacer en todo momento. Simplemente, disfruta viendo jugar a tu hijo/a, divirtiéndose con sus compañeros, aprendiendo los valores que este deporte nos brinda. Y al terminar el partido, no le machaques si no ha estado acertado, pregúntale si lo ha pasado bien, déjale que te cuente lo que ha sentido durante el juego, sus impresiones… Es así como desaparecerá el miedo a fallar, esa tensión
cuando se aproxima el fin de semana que impide disfrutar de este deporte.

Me gustaría terminar con una pequeña frase propia que pasa por mi cabeza sábado tras sábado: No juegues por ellos, déjales que se equivoquen, al fin y al cabo, son solo niños.

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